Una publicación de The Colorado Trust
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Por Rachel Cernansky

Si una palabra pudiera describir la enorme cantidad de sustancias químicas a las que estamos expuestos todos los días, quizás sería ubicuidad. Casi todo lo que tocamos—desde la envoltura de los alimentos hasta nuestro cómodo sofá—presenta sustancias químicas que no podemos ver y usualmente no podemos oler.

Se sabe que un tipo de sustancias químicas en particular, llamados químicos disruptivos del sistema endocrino, interfieren con las funciones hormonales (endocrinas) y se han asociado con el cáncer, los defectos congénitos, la diabetes, la obesidad, los trastornos del desarrollo neurológico y daño a los sistemas reproductivos—pero en su mayoría no son regulados en Estados Unidos. Bisfenol A, o BPA, es el químico de este tipo que ha recibido más atención y escrutinio en los últimos años, resultando en que el gobierno federal estableciera nuevas e inusuales restricciones en su uso en productos para el consumidor (principalmente biberones, vasos para niños pequeños y envolturas de alimentos para bebés).  

Sin embargo, a pesar de la omnipresencia de estas sustancias químicas, los investigadores están descubriendo que algunos grupos minoritarios y poblaciones con bajos ingresos están expuestos aún más a muchas de estas sustancias en comparación con las personas blancas o la población en general. Un panel de expertos en salud presentó esta y otras preguntas sobre los químicos disruptivos del sistema endocrino durante un foro organizado el 31 de enero por la Facultad de Salud Pública de Harvard T.H. Chan.

Todavía no queda exactamente claro lo que significa esta mayor exposición para las poblaciones afectas, dijo Tamarra James-Todd, PhD, MPH, una epidemióloga y científica especializada en salud ambiental en Harvard. A eso es lo que ella quiere que pongamos más atención, y que se estudie más.

“Hay poblaciones más vulnerables, ya sea debido a la calidad de sus muebles o de su vivienda, por lo que están más expuestas a las sustancias ignífugas; o por su alimentación, dejándolas más expuestas a los fenoles; o debido a ciertas prácticas culturales porque utilizan más fragancias y cosméticos”, James-Todd dijo durante el foro. “La manera en que todo esto progresa al mismo tiempo hace que las personas desarrollen diferentes perfiles de riesgo”.

Ella mencionó datos de la Encuesta Nacional para Examinar la Salud y Nutrición que están llevando a cabo los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. La encuesta muestra que los afroamericanos e hispanos tienen concentraciones más altas de muchos ftalatos en su cuerpo, al igual que de fenoles y parabenes, que las poblaciones blancas. Un estudio dio seguimiento a la exposición a ftalatos entre mujeres afroamericanas por su uso más amplio de enjuagues vaginales y otros productos de higiene femenina en comparación con las mujeres blancas. Este mismo estudio encontró que las personas hispanas tenían niveles sistémicos más altos de algunas sustancias ignífugas. Algunos de los estudios que James-Todd ha hecho encontró que más mujeres negras usan productos para el cabello que contienen químicos disruptivos del sistema endocrino que mujeres blancas.

James-Todd ha enfocado la mayor parte de sus estudios en las mujeres embarazadas, observando el impacto en los bebés de la exposición a sustancias químicas, y también en la salud a largo plazo de las mujeres. “Durante todo el periodo de embarazo, muchas de estas sustancias químicas mantienen una concentración más alta entre estas mujeres vulnerables”, dijo.  

James-Todd resaltó que, aunque la diabetes gestacional afecta a alrededor del 5 al 7 por ciento de mujeres embarazadas en general, el porcentaje sube a 14 en algunas comunidades indoamericanas, y a alrededor del 10 por ciento entre mujeres asiático americanas e hispanas. Conforme aumenta la evidencia de que los químicos disruptivos del sistema endocrino interfieren no solo con las hormonas sino también con la actividad metabólica, también aumentan las preocupaciones de que la culpable, por lo menos en parte, del aumento en diabetes gestacional podría ser una exposición más alta a sustancias químicas. James-Todd agregó que la diabetes gestacional termina aumentando el riesgo de estas mujeres a desarrollar diabetes tipo 2 más adelante.  

También existen desigualdades con base en diferencias socioeconómicas: Hace un par de años, investigadores reportaron concentraciones más altas de BPA en personas enfrentando inseguridad alimentaria en comparación con las que no la enfrentaban. El efecto era aún más fuerte entre los niños. Aquellos que recibían asistencia alimentaria de emergencia tenían niveles 54 por ciento más altos de BPA que los niños de familias que no la recibían.

“No sabemos qué papel desempeñan esas fuentes a las que están expuestos en las desigualdades que observamos con respecto a los marcadores biológicos que usamos para evaluar la exposición”, James-Todd dijo. “En la literatura científica hasta la fecha, eso simplemente se ha documentado y descrito. La gente ha propuesto razones por las que es así, pero hay muy pocos estudios, si es que hay alguno, que han investigado el porqué y las implicaciones de las diferencias”.  

Rachel Cernansky

Periodista
Denver, Colo.

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