Una publicación de The Colorado Trust
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Por Scott Downes

En junio, el FBI publicó un informe que señala las conexiones entre la violencia doméstica y los tiroteos públicos, y reafirmó la idea de que el acceso fácil a las armas de fuego contribuye a una amenaza única contra la salud pública, particularmente para las mujeres.

El estudio del FBI concluyó que el 62 por ciento de quienes dispararon activamente causando violencia en espacios públicos durante un periodo de 13 años tenían antecedentes con comportamientos abusivos y amenazantes, como el abuso escolar y la intimidación laboral. El 16 por ciento tenía un pasado violento contra la pareja íntima, y el 11 por ciento había participado en comportamientos de acoso/acecho.

“La violencia doméstica con frecuencia es un denominador común que une a los tiroteos públicos”, escribió Shannon Watts, fundadora de Moms Demand Action for Gun Sense in America, una organización local de defensa que prioriza las reformas con sentido [común] para el uso de las armas de fuego.

Entre 2009 y 2016, la mayoría de los tiroteos masivos estuvieron relacionados con la violencia familiar, según estudios del grupo de defensa Everytown for Gun Safety. En el 54 por ciento de los tiroteos, el perpetrador le disparó a una pareja íntima actual o expareja, o a un pariente. Así mismo, en el 42 por ciento de los tiroteos masivos (a los cuales Everytown for Gun Safety define como aquellos en los que cuatro o más personas murieron a causa de un arma de fuego en un solo acontecimiento), el perpetrador demostró por lo menos un tipo de comportamiento con “señales de advertencia”, como actos previos de violencia, intentos de violencia, amenazas de violencia o la violación de órdenes de protección.

“La violencia doméstica es una de esas señales de advertencia”, Watts escribió.

Este fue el caso del hombre que disparó contra una clínica de Planned Parenthood en Colorado Springs en 2015, matando a tres personas. Y del hombre que disparó durante un entrenamiento de beisbol de integrantes del Congreso en junio de 2016. Y del hombre que disparó contra los clientes en la discoteca Pulse en Orlando. Y del hombre que disparó contra los feligreses en la iglesia de Sutherland Springs, Texas. Y del hombre que disparó en Las Vegas la noche de octubre en donde 59 personas murieron y más de 500 resultaron heridas.

Y este febrero pasado, la evidencia sugiere que sucedió lo mismo con el joven que mató a 17 personas en la Escuela Preparatoria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida.

“El acceso que los abusadores domésticos tienen a armas de fuego es y ha sido una amenaza contra la salud y seguridad de las mujeres y los niños, al igual que contra la salud pública, durante décadas, mucho antes del actual aumento en los tiroteos masivos”, dijo Amy Miller, directora ejecutiva de la organización Violence Free Colorado (antes conocida como la Coalición de Colorado contra la Violencia Doméstica).

Un estudio publicado en 2003 y liderado por la Universidad Johns Hopkins sobre feminicidios en 11 ciudades de EE. UU. encontró que las mujeres tienen más de cinco veces la probabilidad de que las maten si un abusador doméstico tiene acceso a un arma de fuego. Más del 80 por ciento de las personas que mueren a balazos a manos de una pareja íntima son mujeres, según un análisis de la Prensa Asociada. Además, en un estudio publicado por el grupo Violence Policy Center que trabaja a favor de la seguridad con las armas de fuego, cerca de dos tercios de las 928 mujeres víctimas de homicidio que se estudiaron murieron a balazos a manos de su pareja de sexo masculino.

Muchos promotores dedicados a la salud pública, a la seguridad con las armas de fuego y a la prevención del abuso doméstico sostienen que cualquier persona con antecedentes de violencia doméstica no debería ser dueña ni tener acceso a un arma de fuego.

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Hay leyes federales y estatales vigentes que prohíben que algunos abusadores domésticos tengan armas de fuego. Esas leyes pueden ayudar a reducir los tiroteos masivos y otros actos públicos de violencia con armas de fuego, aunque es difícil analizar los tiroteos que no sucedieron.

Algunos cambios en las políticas públicas dan signos de esperanza y sugieren una concienciación y un entendimiento más extensos de estas consecuencias para la salud  y seguridad pública. En años recientes, por lo menos 25 estados han fortalecido las leyes a favor de la seguridad con armas de fuego en casos de violencia doméstica. Y solo en 2017, ocho estados pasaron nuevas leyes para regir las armas de fuego relacionadas con la violencia doméstica, la mayoría de las cuales gobernadores republicanos aprobaron como ley.

Sin embargo, sigue habiendo vacíos legales. La Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés) continúa posicionándose fuertemente a sí misma y a sus opiniones políticas. Y hay enormes diferencias entre las leyes federales, estatales y locales que permiten el acceso fácil a las armas de fuego, con una de las no menos importantes siendo el llamado “vacío legal del noviazgo”: mientras que, bajo la ley federal, se prohíbe que los abusadores domésticos condenados que estén o estuvieran casados con sus víctimas compren o sean dueños de un arma de fuego, esto no siempre corresponde a los novios, parejas o acosadores.

Por lo menos 27 estados, incluido Colorado, no han cerrado completamente el vacío legal del noviazgo. Y 37 estados todavía no obligan a las personas que tienen prohibido comprar un arma de fuego debido a cargos en su contra por violencia doméstica que devuelvan las armas que ya tienen. Vale agregar que Colorado sí requiere que se devuelvan las armas de fuego si se ha condenado a alguien bajo esos cargos, aunque sean delitos menores; y también cuando alguien está sujeto a una orden de protección por violencia doméstica.

Colorado ha logrado progresar bastante en sus políticas de seguridad con armas de fuego. El estado ahora requiere verificaciones de antecedentes para cualquier arma y un permiso para portar una pistola oculta en lugares públicos. Sin embargo, Colorado no requiere sesiones prácticas con “ejemplos realistas” para la seguridad con armas de fuego si alguien quiere portar una pistola oculta en público; solo requiere tomar un curso por internet.  

De las 67 leyes clave de seguridad con armas de fuego que Everytown evaluó, 26 están vigentes en Colorado; y de las 14 de esas leyes relacionadas con las armas de fuego y la violencia doméstica, Colorado solo tiene 6 vigentes. Sin importar la gran variedad de métodos que los estados hayan usado legislativamente para intentar sacarles las armas de fuego a aquellos que han cometido actos de violencia doméstica, cerrar el vacío legal del noviazgo sigue siendo uno de los métodos más concretos. Sin embargo, no se sabe si los legisladores en Colorado tienen algún plan para abordarlo. Por el contrario: el día después del tiroteo en Parkland este febrero pasado, un comité del Senado de Colorado controlado por el partido republicano pasó una propuesta de ley con un voto de 3 contra 2 que permitiría llevar un arma oculta sin tener un permiso.

“La idea que respalda el derecho constitucional de portar [un arma] es que debes poder tener una pistola oculta sin solicitar el permiso del gobierno o pagar un cargo costoso, si de cualquier otra forma tienes la capacidad legal de portar un arma de fuego”, el representante Tim Neville dijo al presentar la propuesta de ley. “Los habitantes de Colorado que estén cumpliendo con la ley pueden portar [un arma] abiertamente en la mayoría de los lugares en el estado, excepto en Denver, y no deberían verse obligados a superar obstáculos adicionales, o pagar lo que termina siendo un impuesto, si eligen portar sus armas para su defensa personal en un bolsillo o bolso o en cualquier otro lugar oculto”.

La propuesta de ley pasó en el Senado, pero no logró avanzar más allá de un comité en la Cámara de Representantes.  

Más tarde en la sesión legislativa de 2018, se presentó una propuesta de ley para aprobar lo que se conoce como una ley de “señal de advertencia” (bandera roja) que permitiría a las fuerzas de seguridad pública o a parientes buscar la aprobación de un juez para quitarle temporalmente las armas de fuego a alguien que esté sufriendo de una enfermedad mental y que se considera peligroso. Mientras que la propuesta de ley recibió apoyo bipartidario en la Legislatura, de los líderes de las fuerzas de seguridad pública y de promotores estudiantes, terminó fracasando en un comité del Senado con los legisladores votando con su partido.

A nivel federal, el gobierno de Trump está aflojando silenciosamente las regulaciones relacionadas con la seguridad con armas de fuego mientras que los republicanos en el Congreso avanzan leyes de reciprocidad para portar armas ocultas. Estas leyes permitirían que las personas con un permiso para portar una pistola oculta lleven esa pistola a cualquier otro estado. Eso tendría como resultado la nacionalización de las leyes más débiles para la seguridad con armas de fuego y permitiría que la gente portara pistolas ocultas y cargadas en lugares públicos, incluidos los parques nacionales y otras tierras públicas.

Algunos consideran la reciprocidad para portar armas ocultas una amenaza contra las mujeres en particular, debido a la conexión entre el acceso a armas de fuego y la violencia doméstica. Según Pew Research, solo el 46 por ciento de las personas en Estados Unidos apoyan que se permita a la gente portar pistolas ocultas en más lugares, mientras que el 81 por ciento se oponen a que se permita portar pistolas ocultas sin un permiso.

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Aunque la conexión entre las armas de fuego y la violencia doméstica es clara, enfocarse en un solo aspecto de la violencia con armas de fuego puede traicionar la totalidad del problema.

Cada año, un promedio de 36,383 personas en Estados Unidos mueren debido a un arma de fuego. Aproximadamente dos tercios de ese promedio, o 22,274 muertes, son por suicidio, y 12,830 son homicidios. (La cantidad de los homicidios relacionados con armas de fuego aumentaron un 31 por ciento entre 2014 y 2016, cuando 14,415 de ellos ocurrieron.)

Eso significa que en un día normal, 96 personas, incluidos siete niños y adolescentes, mueren a causa de un arma de fuego en Estados Unidos. Un estudio de la Academia Norteamericana de Pediatría encontró que las armas de fuego son la tercera causa principal de muerte entre los niños en EE. UU., y la segunda causa de muerte por lesiones. Más del 4 por ciento de los niños en EE. UU. han sido testigos de un tiroteo durante el año anterior.

La violencia con armas de fuego se menciona como un factor contribuyente en la expectativa más corta de vida en EE. UU., en comparación con otros países desarrollados. Y la violencia con armas de fuego también impone una enorme carga financiera cada año, sumando $229 billones en 2012 por los costos directos e indirectos como los gastos hospitalarios y de atención médica, salarios perdidos y discapacidad laboral y otros factores, según un análisis del Pacific Institute for Research and Evaluation, Mother Jones reportó.

Los tiroteos en las escuelas y otros acontecimientos públicos de violencia con armas de fuego son una parte altamente visible del problema. Los tiroteos que involucran a la policía, la violencia contra una pareja íntima y los suicidios con frecuencia son menos visibles. De cualquier manera, el alcance total de la violencia con armas de fuego no es tan distinta de otros desafíos sociales y de salud pública; puede afectar a cualquiera; es potencialmente evitable; y, daña desproporcionadamente a quienes no son hombres blancos heterosexuales.

Según casi cualquier factor, la carga total de la violencia con armas de fuego recae en las mujeres, las personas de color, la gente con discapacidades, las comunidades de personas lesbianas, gay, bisexuales y transgénero, al igual que en otros grupos históricamente marginados.

Los hombres negros tienen 10 veces más la probabilidad de morir por homicidio con un arma de fuego que los hombres blancos. Y los datos dicen que la violencia con armas de fuego afecta desproporcionadamente a los niños y adolescentes negros, quienes tienen cuatro veces más la probabilidad de que los maten con un arma de fuego que los niños y adolescentes blancos.

Los tiroteos mortales a manos de la policía son otro aspecto de la violencia con armas de fuego que afecta a diferentes comunidades de diversas maneras. Más de 3,000 personas en EE. UU. han muerto a balazos a manos de la policía desde principios de 2015; este es un promedio de casi tres por día, según un análisis del diario The Washington Post. Entre enero de este año hasta mediados de agosto, 640 personas ya habían muerto a balazos a manos de la policía.

Los estadounidenses negros, al igual que los hispanos y latinos e indoamericanos, sufren y mueren desproporcionadamente en tiroteos policíacos.

Además, se calcula que entre un tercio y la mitad de todas las personas que mueren a manos de la policía tienen una discapacidad, según un informe de Ruderman Family Foundation.

“La mayoría de esas personas, especialmente en casos en los que la policía claramente abusó de la fuerza letal, termina formando parte de un segmento marginado por su grupo racial, de clase [socioeconómica], orientación y otros factores que intensifican la vulnerabilidad”, escribió David Perry, uno de los autores del informe.

En 2017 en Colorado, la policía les disparó y mató a 31 personas, por lo menos 13 de las cuales eran personas de color. Ese es el séptimo número más alto de muertes con armas de fuego a manos de la policía por estado, según datos reunidos por The Washington Post.

Hasta la manera como se considera y trata a las víctimas y a los sobrevivientes de la violencia con armas de fuego está sujeta a prejuicios raciales y de género.

“Es interesante mencionar la diferencia en el apoyo que recibieron los niños en Florida en comparación con los niños de Black Lives Matter,” escribió en un tuit la autora Roxane Gay. “Digo esto con admiración total por los niños en Florida, de sobrevivir tal trauma y luchar para que todos estén más seguros. Pero eso también es lo que estaba pasando en Ferguson y más allá”.

“Uno de los desafíos en este movimiento en general es que los que aparecen en las portadas son los niños más acaudalados [que sufren] tiroteos en sus escuelas”, dijo Madison Rose, una estudiante de Regis University y vicepresidenta de Never Again Colorado, una organización de adolescentes dedicada a acabar con la violencia con armas de fuego. “Pero las víctimas que a diario sufren de violencia doméstica, las víctimas de la brutalidad policíaca y las víctimas de crímenes de odio, no aparecen necesariamente en la portada de People Magazine o USA Today o The Washington Post. Esas caras no se ven”.

Y en cierto nivel fundamental, el problema con tantas de estas capas de violencia con armas de fuego sigue apuntando a la sensación de que los hombres en el poder tienen derecho a algo. Estos hombres, a lo largo del tiempo, han codificado un privilegio letal en un derecho percibido que suplanta la salud y la seguridad de todos los demás.

“En Estados Unidos, el significado subyacente externo de los acontecimientos de violencia masiva es la masculinidad tóxica. Si te fijas lo suficientemente bien, siempre está presente”, escribió Melissa Jeltsen, quien ha reportado sobre la conexión entre los tiroteos masivos y la violencia doméstica durante los últimos cinco años. “Los hombres que llevan a cabo estas atrocidades con muertes masivas son casi indefectiblemente abusadores, empoderados por el acceso fácil a las armas de fuego que les ofrecen el sentimiento exhilarante de control que desean tan desesperadamente.

“Pero cuando tomamos la violencia contra la mujer simplemente como una señal de advertencia para la futura violencia contra otros, eso representa un problema mayor, más urgente”, Jeltsen continuó. “Veinticuatro años después de que se aprobara la Ley de la Violencia Contra las Mujeres, se sigue ignorando y excusando la violencia doméstica, percibiéndola como una asunto privado en lugar de un problema de salud pública”.

“La violencia doméstica en su mayoría no se percibe como un problema de salud pública”, Miller concordó. “Pienso que eso es en parte debido a la falta de recursos dirigidos hacia la prevención de la violencia doméstica, a través de los cuales el público usaría y sabría más ampliamente sobre un método de salud pública”.

“También pienso que es una vergüenza la poca atención que la violencia doméstica ha recibido con el movimiento #YoTambién (#MeToo)”, Miller agregó. “Igual que los hombres suelen sentir que tienen derecho a hacer lo que quieran en espacios privados, también sienten que tienen derecho a y son dueños de los espacios públicos, por lo que pienso que hacen cosas como decir comentarios indeseados a mujeres por la calle u otras formas de acoso contra las mujeres [y] tiroteos masivos.

“Realmente está todo interconectado y se basa en el privilegio masculino blanco, en el sentir que tienen derecho a algo, en la masculinidad tóxica, el racismo, el sexismo y la misoginia”.

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El 24 de marzo, 10 días después de la protesta nacional de estudiantes, por lo menos 1.2 millones de personas se unieron a 450 marchas a lo largo del país para seguir impulsando el movimiento contra la violencia con armas de fuego.

Decenas de miles de esas personas se reunieron en Civic Center Park en el centro de Denver. Detrás del Anfiteatro Griego, organizadores estudiantiles distribuyeron carteles escritos a mano entre sus compañeros y camisetas negras con letras blancas que decían: “Podemos acabar con la violencia con armas de fuego”.

Estudiantes de la Escuela Preparatoria Marjory Stoneman Douglas y sus familias permanecieron vestidos con los colores de su escuela en un área de espera. Un papá preparó a los estudiantes para hablar frente a la multitud y sugirió que si se sentían nerviosos de hablar que tomaran un minuto para acariciar al perro de terapia, un chihuahua llamado David Bowie.

Madison Rose se hartó después del tiroteo en Parkland y decidió participar aún más. Empezó una página en Facebook para ayudar a organizar un evento y se unió a otros estudiantes y líderes del movimiento Never Again Colorado para que se realizara la “Marcha por nuestras vidas” en Denver.

“Honestamente he estado sintiendo esto por mucho tiempo, esta frustración, esta furia”, Rose dijo antes de hablar durante la protesta. “Han existido increíbles organizaciones como Colorado Ceasefire por mucho tiempo, pero no había una acción grande como la que estamos viendo hoy en la marcha. No había forma de expresar eso”.  

“Estoy muy contenta de que finalmente nuestras voces se vayan a escuchar”, Rose continuó. “Estamos iniciando el diálogo para ambas partes. Queremos dejar de pelearnos y queremos asegurarnos de que los estudiantes estén sanos y salvos en nuestras escuelas. Esto no tiene que ver con quitarle sus armas de fuego [a nadie]. Este no es un tema partidario. Esto tiene que ver con la seguridad pública”.  

Tom Mauser, cuyo hijo Daniel murió a balazos en Columbine en 1999, habló con los organizadores y voluntarios antes de subirse al podio. Mauser con frecuencia usa los zapatos de su hijo cuando habla sobre la violencia con armas de fuego; a principios de este mes donó un par de zapatos de Daniel para una demostración frente al Capitolio de EE. UU. que ayudó a ilustrar cuántos niños han muerto debido a la violencia con armas de fuego.

Más tarde, frente a la multitud formada del otro lado del anfiteatro, Tom dijo que el experimento con el acceso fácil a las pistolas ha sido un horrendo fracaso.

“La situación actual nos está matando”, dijo cuando habló. “Es hora de cambiarla”.  

“Esta generación es fuerte y somos valientes”, dijo Rose cuando le preguntamos qué quería que los funcionarios electos aprendieran de la protesta. “No nos vamos a echar para atrás, no vamos a dejar de luchar. Esperamos que no tomen la seguridad pública a la ligera, y que escuchen nuestras voces de una vez por todas.

“Estamos hartos de esto”.

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