Una publicación de The Colorado Trust
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La superintendente del Distrito Escolar de Topeka, Tiffany Anderson, da una presentación durante el Simposio de la salud en Colorado 2016.

Fotografías de Chris Schneider para Colorado Health Foundation

Cuidados de salud

La empatía es contagiosa

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La salud no se da en el consultorio del doctor. Este es el consenso de décadas de estudios sobre lo que realmente afecta cuánto tiempo y lo bien que vivimos. Las condiciones sociales, económicas y ambientales suelen pesar más que los cuidados médicos; cómo prevenir las enfermedades con frecuencia es mucho más importante que cómo tratarlas.

Saber eso es una cosa. Hacer algo al respecto, otra.

¿Qué podemos deducir del hecho que EE.UU. gasta desproporcionadamente en servicios médicos comparado con otros países desarrollados, y gasta menos en servicios sociales? ¿Qué hacemos con sistemas de hospitales que se establecen para obtener ganancias de los enfermos y no de las personas saludables? Sabiendo que las diferencias sociales en nuestro país han creado enormes desigualdades en la esperanza de vida, ¿cómo podemos arreglar los problemas estructurales como el racismo, la desigualdad de ingresos y la explotación?

Estas fueron las preguntas principales de las cuales se hablaron durante el Simposio de la salud en Colorado 2016, una conferencia anual de legisladores estatales, proveedores de cuidados médicos e investigadores organizada por Colorado Health Foundation.

También se presentaron soluciones. Al final algunas de las más convincentes fueron aquellas relacionadas con los actos humanos de empatía y la resolución creativa de problemas.

Stuart M. Butler

Stuart M. Butler, PhD, un investigador de Brookings Institution, sugirió que las escuelas, la vivienda pública y los hospitales podrían convertirse en “centrales” para la salud, o lugares en donde se reúnen todo tipo de servicios.

Si esto suena demasiado abstracto, o caro, consideremos el ejemplo propuesto por Tiffany Anderson, una doctora en Educación.

Antes de tomar su puesto como superintendente del Distrito Escolar de Topeka, Anderson lideró una recuperación dramática en el distrito escolar de Jennings, Missouri, un lugar en las afueras de St. Louis con un alto índice de pobreza.

Ella explicó que lo logró escuchando a sus estudiantes y a sus padres. Dijeron que no tenían un lugar para lavar su ropa; ella puso lavadoras y secadoras en las escuelas. Algunos de los niños no tenían vivienda; el distrito abrió un refugio. Los estudiantes estaban enojados por la brutalidad policiaca; Anderson los encabezó en una marcha hasta el departamento de policía, ayudándoles a obtener compromisos para aumentar la vigilancia en la comunidad, contratar a minorías e instalar cámaras de video personales.

Un aspecto importante de su estrategia, Anderson dijo, fue redirigir los recursos existentes hacia las áreas de mayor importancia para los niños y sus familias, áreas que, en principio, parecerían no estar relacionadas para nada con la administración de un distrito escolar. Estos esfuerzos para cubrir las necesidades básicas de los estudiantes afuera de los salones dieron lugar a ganancias dentro de ellos; el desempeño académico aumentó mucho casi de inmediato.

No dejen que nunca nadie les diga que se necesitan cuatro años para mejorar una escuela, Anderson le dijo a la audiencia en el simposio. ¿Cuántos estudiantes de preparatoria se hubieran podido graduar durante ese tiempo? ¿Cuántas familias más podrían haber caído en la pobreza? “Nadie tiene esa cantidad de tiempo”, agregó.

Si no eres un superintendente escolar, no significa que no puedas hacer nada. Hay otros tipos de centrales.

Gloria Wilder

La doctora Gloria Wilder, MPH, dio dos ejemplos. Uno era Core Health and Wellness Center, el cual ella fundó después de darse cuenta que no había manera para que ella, trabajando como pediatra en un hospital, cobrar honorarios por mantener a alguien sano. El centro ofrece no solo cuidados médicos, pero también clases de ejercicios, clases de meditación y un lugar cálido y acogedor para las familias de Anacostia, un vecindario muy marginado, en su mayoría habitado por residentes afroamericanos, en Washington, D.C.

El otro ejemplo que dio Wilder fue como receptora de un acto de amor. Recordó ser niña, creciendo en la pobreza, yendo a comprar una libra de jamón enlatado y una bolsa de pan a la tienda de la esquina. Solo tenía 99 centavos en monedas que había recogido en la calle; no era dinero suficiente para comprar los alimentos. Al acercarse al mostrador, un grupo de niños se paró detrás de ella, haciéndole temer que la descubrirían.

“En mi cabeza estaba pensando: ‘Ahora todos van a saber que soy pobre'”, dijo.

Pero en lugar de mandarla a su casa, el hombre detrás del mostrador, Duke, le dio una libra de jamón, una libra de queso, una bolsa de pan, una bolsa de papas y helado. Y le dio 25 centavos de cambio.

“Esos 25 centavos le dijeron a la niña pequeña que ella valía algo, y que su familia era respetable, y que el camino por el que estábamos pasando no era nuestra culpa; era lo que era”, agregó Wilder entre lágrimas. “Esos 25 centavos me llevaron a ser pediatra… y a estar aquí frente a ustedes el día de hoy, solo para decirles, mientras contemplan todas las locuras que van a ver en el TV durante los próximos 100 días, mientras piensan sobre todos estos tiroteos y disparates, solo recuerden que siempre tienen la oportunidad de ser un Duke en la vida de un niño en EE.UU. o en cualquier otro lugar del mundo. Hacer lo correcto es la rentabilidad de su inversión”.

La rentabilidad de la inversión es un concepto comercial que está empezando a utilizarse en el campo de la salud mientras que los proveedores de servicios médicos y legisladores luchan por defender los recursos que tienen para gastar en las personas al señalar las ganancias potenciales (usualmente financieras) a largo plazo.

La amplificación es oro de esos conceptos. El acto bondadoso de Duke ayudó a una sola niña, pero, ¿cómo se multiplica este tipo de acto?

La historia de la salud y enfermedad humana ofrece un modelo antiguo con eficacia actual para amplificar que no requiere una aplicación digital o un motivo para obtener ganancias: el contagio.

“Avanzar hacia la justicia requiere empatía”, dice Wilder.

Y la empatía es contagiosa.

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