Una publicación de The Colorado Trust
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Denise Presson, derecha, desempeñó el papel de Bob Cratchit en un reciente ensayo de “Un cuento de Navidad”.

Fotografías de Joe Mahoney durante el ensayo/enviado especial para The Colorado Trust

Personas y lugares

Una historia de redención, actuada por prisioneras

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Por Alan Gottlieb

Denise Presson se ha tomado muy en serio el papel de Bob Cratchit.

Presson, de 39 años, desempeño el papel del amable hombre de familia en una reciente producción teatral con solo mujeres de “Un cuento de Navidad” de Charles Dickens. Cratchit, el empleado explotado de Ebenezer Scrooge, emana una humilde generosidad y devoción hacia su familia con la cual Presson se identifica.

“Me encanta actuar como un personaje que siempre siente esperanza, por el que la gente siente cariño y que siente cariño por otra gente”, Presson dijo.

No ha habido suficiente de ese tipo de cariño mutuo en los últimos 10 años de la vida de Presson. Ha pasado esos años como prisionera en las Instalaciones Penales para Mujeres en Denver, cumpliendo una sentencia de 42 años por asesinato en segundo grado. Podrá solicitar libertad condicional en 2038.

Su hija, ahora de 13 años, tenía dos cuando Presson entró en prisión.

De hecho, todo el elenco y equipo de producción de “Un cuento de Navidad” son prisioneras en las instalaciones. A principios de diciembre, dieron dos funciones en el gimnasio de la prisión y dos en el Newman Center en la Universidad de Denver (DU), un teatro sin duda más elegante.

“Un cuento de Navidad” fue la segunda producción teatral de la Iniciativa de Arte en Prisiones de DU, un programa que la profesora Ashley Hamilton, quien trabaja en la universidad, lanzó en 2017. La primera fue “Atrapados sin salida” (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, en inglés) una producción compuesta de solo prisioneros varones en las Instalaciones Penales de Sterling en septiembre.

El programa de arte en las prisiones ofrece una variedad de oportunidades artísticas y de otro tipo para prisioneros en Colorado, como publicar periódicos, escribir de manera creativa, producir podcasts, organizar eventos familiares y participar en un taller de liderazgo grupal. El objetivo, según el sitio web del programa, es “empoderar a las personas para que mejoren la calidad de sus vidas y se preparen para hacer cambios positivos en sus comunidades después de salir en libertad”.

Varios de sus elementos se basan en un programa similar, Rehabilitación Mediante el Arte, en el que Hamilton y su esposo, Clare Hammoor, participaron en Nueva York antes de mudarse a Denver hace tres años. (Hammoor dirigió “Un cuento de Navidad” de un libreto que adaptó de la novela.)

El mensaje redentor de “Un cuento de Navidad” tiene una relevancia especial en este contexto. Presson dijo que vivir dentro de un personaje le permitió bajar la guardia y ser ella misma por primera vez en años.

“Tienes que actuar para pasar el tiempo en prisión”, dijo. “Actuar como alguien que no eres te mantiene segura y pone distancia [entre ti y] otras personas. Levantas estas paredes que no construirías si estuvieras en casa en un lugar seguro. Así que mi trabajo previo como actriz fue estar encarcelada. Ahora actúo sobre el escenario”.

Formar parte del elenco teatral aumenta la autoestima y un sentido de compañerismo que se extiende más allá de las actrices y entre las demás prisioneras en general. “Siento que afecta el lugar entero de manera positiva”, dijo Patrice Pullie, quien desempeñó el papel del Fantasma de la Navidad en el presente. Pullie ha estado en la prisión para mujeres por un año por delitos de robo vehicular y drogas. También dijo que ha pasado tiempo en la cárcel intermitentemente desde 1996.

“La gente nos reconoce y felicita y lo interesante es que hasta las personas que no participan en la obra están siendo más amables entre sí”, agregó.

Ryan Long, el alcaide, ha observado el mismo fenómeno en la prisión con 1,008 mujeres que supervisa.

“La energía relacionada con el programa y su aceptación entre las compañeras de las mujeres y el personal está ayudando a modificar la filosofía y manera conceptual como abordamos [el método] correctivo”, Long dijo.

Dean Williams, director del Departamento de Correccionales en el estado desde enero de 2019, habla sobre este cambio como “la normalización de la prisión”. Dijo que no hay ninguna razón por la que las prisiones tienen que ser lugares fríos, estériles y punitivos. Acciones simples como plantar árboles y crear espacios verdes marcan una importante diferencia en los prisioneros que están cumpliendo largas sentencias. Crear más oportunidades para que las familias los visiten y organizar programas como la Iniciativa de Arte en Prisiones también influye mucho, explicó.

“Muchas personas encarceladas, no todas, pero muchas, están buscando oportunidades redentoras y que sus vidas tengan sentido otra vez”, Williams dijo. “Estamos ofreciéndoles ese propósito nuevamente, una razón para que estos prisioneros se levanten por la mañana. Hace que la cárcel sea un lugar más seguro tanto para los prisioneros como para el personal”.

Williams también dijo que su departamento ha implementado varios programas nuevos que buscan normalizar las prisiones. Algunas iniciativas reúnen a los prisioneros con las prisioneras. Bajo otra iniciativa, 21 prisioneros varones con menos de un año restante en su condena están trabajando por salarios prevalecientes para una compañía en Sterling.

“[Las obras teatrales] son solo una de las cosas que estamos haciendo. Y resulta ser una cosa genial”, dijo. “Me gusta decir que estamos cambiando el sistema penitenciario una producción teatral a la vez”.

Los programas de arte y teatro en las prisiones son más que esfuerzos sentimentalistas. Si el encarcelamiento se relaciona por lo menos en parte con la rehabilitación y no solo con el castigo, entonces esos programas son un paso en la dirección correcta. Investigaciones de ciencias sociales en las últimas décadas lo confirman: programas como los de DU tienen un efecto positivo en la cultura de las prisiones, en las personas encarceladas y en las tasas de reincidencia.

Una bibliografía comentada de 2014 sobre estudios académicos del arte en las prisiones señala que los programas de arte y educación en las cárceles han existido por décadas, pero que durante los últimos 25 años han estado disminuyendo.

“Las subvenciones Pell para los prisioneros se eliminaron en 1994, lo cual hizo desaparecer casi totalmente la presencia en el sistema penitenciario de subvenciones reformadoras de colegios comunitarios y universidades”, escribieron los autores en la introducción a la bibliografía. “Esto, junto con el crecimiento de las prisiones privadas, las cuales no tenían razón alguna para ofrecer programas de arte y educación, ha resultado en la reducción de los programas de arte en las prisiones a lo largo y ancho de Estados Unidos”.

Existe un caso convincente a favor de los programas como la Iniciativa de Arte en las Prisiones, según demuestra la bibliografía de investigaciones. En esta se documentan una amplia variedad de beneficios:

  • Un estudio multianual del programa Arte en Correccionales de California encontró una correlación “positiva y significativamente importante” entre la participación en clases de teatro, escritura y artes visuales y mejor manejo del tiempo, motivación para lograr objetivos, flexibilidad intelectual, iniciativa activa y autoestima.
  • Dos años después de salir en libertad, el 69 por ciento de los participantes en el programa de California no tuvieron ninguna violación de su libertad condicional, en comparación con el 42 por ciento de los exprisioneros en general.
  • Un estudio realizado en 2003 de delincuentes juveniles en el estado de Washington encontró que aquellos que participaron en talleres de arte liderados por artistas tuvieron una tasa de reincidencia 50 por ciento menor (16 por ciento vs. 32 por ciento) después de seis meses.

En sus 10 años trayendo arte a las prisiones, Hamilton, la directora del programa, ha visto amplia evidencia anecdótica de estos beneficios. Uno de los efectos más positivos es en la salud mental de los participantes.

“Siempre que le pides a alguien que se comprometa a algo y sea vulnerable, tiene que enfrentar sus propias vulnerabilidades y desafíos de salud mental”, Hamilton dijo. “Hace que [sus sentimientos] salgan. Eso no debe evadirse ni temerse. Necesita suceder para que la gente esté sana. Y no hay muchos lugares en las prisiones donde la gente se siente segura para ser honesta y vulnerable”.

Presson ha notado que eso es verdad. Dijo que ha visto cómo la actuación destruye barreras dentro y entre las integrantes del elenco. “Sientes que puedes ser tú misma. Aunque hagas el ridículo ahí (en el escenario) nadie te va a juzgar. Está bien”.

Ver una función de esta producción de “Un cuento de Navidad” dentro de la prisión fue una experiencia conmovedora. El elenco y equipo de producción parecían estar totalmente concentrados en sus papeles. La obra fue de alto nivel y profesional, con varios efectos de sonido (algunos grabados, algunos realizados en vivo por el equipo técnico), iluminación profesional, disfraces variados y buenas actuaciones. La neblina del escenario con frecuencia envolvió a la audiencia.

Pero los momentos más emotivos llegaron después de que la cortina se cerrara y la audiencia aplaudiera parada. Las actrices y el equipo técnico se fueron tras bastidores, se sacaron los disfraces y se vistieron con los uniformes amarillos y verdes que usan en prisión. Luego se sentaron en un círculo sobre el escenario y respondieron a preguntas de la audiencia sobre su experiencia ensayando y actuando en la obra teatral al mismo tiempo que les queda tiempo para cumplir su sentencia.

Hablaron sobre sus inseguridades y dudas y cómo aumentaron su autoestima a lo largo de la experiencia. Al tomar turnos para hablar, casi todas en el círculo lloraron.

Williams, director del sistema penitenciario, dijo que este tipo de apertura emocional es una indicación positiva de que el programa está teniendo el resultado deseado. Antes de la primera de dos funciones en DU. Williams se encaminó por el pasillo del teatro y habló con las integrantes del elenco mientras terminaban su ensayo final.

“Estoy tan orgulloso de todas ustedes”, les dijo. “Esta noche, realmente están haciendo historia” como uno de los primeros elencos de prisioneras en el país y ciertamente el más numeroso, en presentar una obra teatral fuera de una prisión. “Así que, hagámoslo”. Animó a las mujeres a ser tan honestas y abiertas durante la sesión de preguntas en DU como lo habían sido en la prisión.

“La audiencia querrá saber lo que significa para ustedes formar parte de esto”, Williams continuó. “Eso no solo es bueno, es exactamente lo que ustedes deben expresar. Durante la sesión de preguntas [en la prisión] fueron honestas y reales y las quiero por eso. Son seres humanos que han cometido errores, pero tienen vidas detrás de las rejas que quieren compartir y deberían sentirse cómodas haciéndolo”.

Algunas integrantes del elenco necesitaban el discurso alentador, porque el viaje de 15 millas en autobús a DU había sido su primer salida en muchos años. Estar expuestas de repente al mundo exterior fue abrumador de muchas maneras.

“Me preocupaba vomitar [en el autobús] y mi cuello me empezó a doler por estar mirando tanto a mi alrededor”, dijo Presson, quien no había estado en un vehículo motorizado o fuera de la prisión en los últimos cinco años. “Y me sorprendió bastante cuantos edificios nuevos había y lo pesado que estuvo el tráfico”.

El alcaide Long dijo que cuando el autobús llegó a DU por primera vez y las mujeres entraron en el teatro, a muchas las superaron sus emociones. “Hicimos ejercicios de respiración para que se calmaran. Caminamos por el espacio, hicimos que se sintieran cómodas. Es [una experiencia] enorme para ellas y para nosotros”.

Después del ensayo final y una ronda de entrevistas con la prensa, Presson iba a tener la oportunidad de probar su primera pizza en el mundo real en más de diez años. Pero primero, tenía otro mensaje para compartir:

“La gente de afuera tiene ideas equivocadas sobre la gente que está en prisión, que no tenemos remordimientos ni sentimientos de culpabilidad y no queremos contribuir”, dijo. “Mientras más oportunidades tengamos de demostrarles a las personas que trabajaremos con todo para contribuir, mejor.

“Queremos mostrarle a la gente que no somos malvadas y que no siempre sacaremos, sino que haremos todo lo posible por contribuir a la comunidad de la cual tanto queremos formar parte”.

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