Una publicación de The Colorado Trust
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Joshua Kenyon obtuvo dos títulos asociados mientras estaba encarcelado. Ahora está trabajando para obtener una licencia de conducir comercial y lanzó su propia marca de zapatos. Fotografía de Moe K. Clark / enviado especial de The Colorado Trust

Vigilancia policíaca y encarcelamiento

Algo revolucionario: las personas encarceladas podrán obtener ayuda financiera para cursar estudios universitarios por primera vez en décadas

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Joshua Kenyon pasó muchas noches sin dormir mientras estaba encarcelado en el Centro Correccional de Trinidad, una prisión estatal en el sudeste de Colorado.

Como un estudiante inscrito en Trinidad State College, tenía lo que sentía era una sinfín de tareas para completar. Pero las largas noches valieron la pena. Se inscribió en cursos universitarios después de que su sentencia por delitos relacionados con drogas se redujera en 2018.

“De repente, había vida al final del túnel e iba a salir de la prisión”, dijo Kenyon, de 44 años.  “Me examiné a mí mismo duramente y sabía que no quería terminar en esta situación otra vez. Sabía que tenía que cambiar algunas cosas”.

Kenyon, quien obtuvo dos títulos asociados mientras estuvo en prisión, fue parte de un programa nacional piloto que proporciona ayuda financiera a estudiantes encarcelados que buscan obtener títulos universitarios. El programa piloto, conocido como Segunda Oportunidad para el Pell – Iniciativa de Sitios Experimentales, incluye casi 200 instituciones de educación superior alrededor del país.

A partir de julio de 2023, una cantidad significativamente mayor de personas encarceladas como Kenyon podrán solicitar un Subsidio Pell para cursar estudios universitarios a través del Departamento de Educación de EE. UU. por primera vez en décadas. La ayuda financiera—actualmente de hasta $6,895 por año académico—se otorga a estudiantes con bajos ingresos para que cubran la colegiatura y otros gastos educativos.

Aproximadamente 463,000 personas encarceladas en Estados Unidos podrían reunir requisitos.  Anticipando el cambio federal, las reglas finales se publicaron el 28 de octubre para las instituciones educativas que planean ofrecer programas a estudiantes encarcelados.

Entre 1972 y 1994, las personas en prisión podían solicitar un Subsidio Pell para estudiar la universidad. Pero la ahora infame ley contra el crimen de 1994 firmada por el expresidente Bill Clinton eliminó la elegibilidad de las personas encarceladas. Como respuesta, los programas universitarios en las prisiones de todo el país se redujeron de 772 a principios de los años 1990 a solo ocho en 1997, según el Instituto Vera para la Justicia, un centro intelectual y una organización sin fines de lucro que trabaja para acabar con el encarcelamiento masivo.

En la actualidad, tres instituciones de educación superior en Colorado han sido aprobadas para ofrecer programas en prisiones a través del programa piloto: Trinidad State College, Adams State University y Pueblo Community College. Los nuevos programas, el primero de los cuales se lanzó en 2020, han tenido que enfrentar clausuras por COVID-19, importantes faltas de personal en todo el sistema carcelario y atrasos con la tecnología.

A pesar de los desafíos, Matthew Martinez, el director del programa de estudios universitarios en prisiones con Adams State University, cree que la ampliación de la elegibilidad para el Subsidio Pell y nuevos programas en línea revolucionarán la educación tras las rejas.

“Hay un montón de estudiantes que están interesados o realmente motivados, y creo que les iría muy bien en este programa”, dijo. “Solo no han tenido el dinero para hacerlo. Es algo revolucionario”.

Annie Skinner, una vocera con el Departamento de Correccionales de Colorado (CDOC, por sus siglas en inglés), dijo que el departamento cree que los programas mejorarán la seguridad pública. Quienes han participado en un programa universitario en la prisión tienen 28 por ciento menos probabilidad de regresar a prisión después de que salen, según un estudio de 2018 de la Corporación RAND. (También reduciría los costos del encarcelamiento en Colorado en aproximadamente $7 millones al año, según un análisis de 2019 realizado por Vera.)

“Esta educación es una oportunidad para que las personas tengan un chance y ponerlas en el camino para no reincidir, lo cual nos ayuda a todos”, Skinner dijo.

Trinidad State College lidera el camino

Cuando Trinidad State College lanzó su programa de Segunda Oportunidad para el Pell en 2020, LiAnn Richardson, la directora del programa, solo estaba planeando ofrecerlo en tres instalaciones. Dos años después, tienen programas en 13 prisiones estatales de Colorado y han inscrito a casi 200 estudiantes encarcelados en su colegio. Hasta ahora, 45 estudiantes se han graduado con un título.

A través del programa de Segunda Oportunidad para el Pell, Trinidad ofrece dos títulos principales: un título asociado en ciencias aplicadas y tecnología y un título asociado de arte ya sea en estudios generales o psicología.

“Elegimos psicología a propósito por un par de razones”, Richardson dijo. “Todas las clases eran clases con garantía de transferencia. Eso significa que si salen de prisión y van a otra universidad en Colorado, sabemos que aceptarán sus créditos”.

Adams State University en Alamosa pronto ofrecerá programas para obtener títulos a través de Segunda Oportunidad en tres centros diferentes: sociología en la Correccional de Mujeres de Denver, y negocios en la Correccional Four Mile y la Correccional Territorial de Colorado, según Martinez. Esperan lanzar sus programas el semestre de primavera.

Pueblo Community College (PCC) también fue seleccionado para el programa piloto y planea lanzar programas el semestre de primavera. Amy Matthew, una vocera con PCC, dijo que el colegio comunitario inicialmente ofrecerá dos programas para obtener títulos: propiedad de pequeñas empresas y salud del comportamiento.

​​“Esperamos seguir ampliando los programas y proporcionar una variedad de trayectorias diversas para estudiantes, y animarlos a que sigan [estudiando en] Pueblo Community College después de salir [de la cárcel]”, Matthew dijo. “Además de ayudar a las personas, el acceso al Pell también puede abordar la ‘brecha de habilidades’ porque los graduados capacitados e instruidos pueden regresar a sus comunidades al salir [de la cárcel] con habilidades relevantes que se necesitan en los lugares de laborales”.

Uno de los mayores desafíos es convencer a los estudiantes de que pueden cursar estudios universitarios a pesar de estar encarcelados, Richardson dijo. Para ayudar a combatir eso, Richardson asigna a sus estudiantes de negocios el libro “Jump” de Larry Miller, quien obtuvo su título universitario en prisión y trabaja para la marca Jordan de Nike.

“El libro es un poco duro en algunas partes, pero es inspirador ver a alguien que aprovechó [la universidad] en los años 1980… y ver qué tan lejos llegó”, dijo.

Trinidad también ofrece un certificado de negocios empresariales para quienes estén buscando iniciar su propio negocio. Rio Davis, de 36 años, recibió su certificado en 2021. Pasó 12 años encarcelado en Colorado por intento de robo a principios de sus años 20. La clase le enseñó cosas como gastos de nómina, cómo superar desafíos en el trabajo y cómo escribir un plan de negocios.

Después de salir de prisión en febrero de 2022, lanzó su propio negocio de entrenamiento de perros en Colorado llamado Prime Time Pups. Ahora trabaja con refugios de animales cercanos para entrenar a perros de terapia, enseñar obediencia básica y promover los cambios en el comportamiento de perros agresivos. Se siente agradecido de haber cursado estudios superiores mientras estuvo tras las rejas—y le emociona que más personas sigan sus pasos.

“La penitenciaría ofrece muchas clases como carpintería y clases de computación… pero muchas veces son cosas que la gente no va a usar”, dijo. “Necesitamos tener más estudios medios en la penitenciaría porque esas son las clases que realmente cambian a una persona y empodera a una persona para que realice cambios después de salir”.

Rio Davis con Piper (izq.) y Lari (der.), dos de los perros que cuida en Prime Time Pups en Colorado Springs. Fotografía de Parker Seibold / enviado especial de The Colorado Trust

Una segunda oportunidad para estudiar

Kenyon sintió que tomar clases universitarias en prisión fue la primera verdadera oportunidad que tuvo para cursar estudios apropiados.

“Me habían movido por todos lados mi vida entera. Solo en noveno grado, viví en cinco estados y fui a seis escuelas diferentes”, dijo. “Fue muy difícil participar en cualquier tipo de educación. Así que nunca obtuve ningún crédito de high school y dejé la escuela en el noveno grado”.

En 2003, obtuvo su diploma de equivalencia general cuando estaba en una cárcel en Missouri.

“Contesté el examen completo en 45 minutos porque era el día de ir al almacén y estaba tratando de [terminar rápido]”, dijo. “Terminé sacándome una muy, muy buena calificación. Y eso como que me hizo pensar, oye, quizás puedo ir a la escuela ahora que soy mayor”.

Los estudiantes encarcelados deben graduarse de high school o recibir su GED para inscribirse en un programa universitario, y solo pueden aplicar a los programas que CDOC haya aprobado. Para inscribirse, un estudiante debe hacerlo a través del personal educativo en su prisión.

Cuando Kenyon se inscribió por primera vez en el programa de Segunda Oportunidad, dijo que otros prisioneros lo miraron “como si estuviera loco”. Pero luego empezaron a preguntarle qué estaba aprendiendo y cómo se podían inscribir.

“Sentí como que cambió la percepción de muchas personas”, dijo. “Estaban como: ‘¿este gánster va a la universidad?’”

Desde que salió de prisión, Kenyon lanzó su propia marca de zapatos y está en proceso de obtener su licencia de conducir comercial.

Kenyon sosteniendo un par de zapatos que él diseño. Fotografía de Moe K. Clark / enviado especial de The Colorado Trust

Richardson dijo que Kenyon y otros estudiantes encarcelados son algunos de sus estudiantes con mejor desempeño.

“Se gradúan summa cum laude. Están aplicando a Phi Theta Kappa. Son estudiantes muy entregados que quieren aprender”, dijo.

“Realmente es un gran logro que se estén graduando”, Richardson agregó. “Tratamos de [enfatizar su importancia] para que entiendan que esto no fue solo algo que hicieron por un rato—esto es algo de gran importancia y un gran logro en su vida”.

Un certificado en comunicaciones estratégicas

Benjamin Boyce es un instructor en el programa universitario en prisiones de la Universidad de Colorado en Denver, donde enseña clases de comunicación en un programa para obtener un certificado en la Correccional Territorial de Colorado en Cañon City y la Correccional de Sterling en el nordeste de Colorado. 

El programa piloto se lanzó en 2020 después de que estudiantes en la universidad protestaran el contrato de su escuela con Industrias Correccionales de Colorado, un operador privado que en ese entonces estaba proporcionando muebles hechos por los prisioneros a la universidad.

“Estas eran personas a quienes las estaban forzando a trabajar por 50 centavos, 40 centavos al día a veces, y no tienen acceso a educación”, dijo Boyce, quien estuvo encarcelado en el pasado y es el conductor del podcast “Dr. Junkie” que se enfoca en políticas para reducir el daño y sobre drogas. “Y aquí estamos en la universidad usando los frutos de su labor barato—casi esclavo—para educarnos a nosotros mismos en la torre de marfil”.

El sistema de la Universidad de Colorado redujo su participación con el operador privado de prisiones en agosto de 2020 y ayudó a conseguir fondos para el programa piloto en el cual ahora Boyce es un integrante crucial. Los estudiantes inscritos en el programa participan de forma gratuita y reciben un certificado al final del programa. Cuando terminan, están a un paso menos de obtener su título asociado o bachillerato.

Boyce dijo que diseña sus clases específicamente para beneficiar no solo a los estudiantes inscritos en ellas.

“Están viniendo ahí y luego se están yendo, y son los líderes ahí en sus unidades”, dijo. “Y todo lo que les estamos enseñando está infiltrándose en ese espacio de manera que disminuya las multas, disminuya los problemas adentro de la prisión y le dé a la gente una manera de sobrevivir el día”.

Su objetivo es ayudar a sus estudiantes a que imaginen un futuro diferente a su pasado.

“Sé que están encerrados en una jaula adentro de una enorme prisión”, dijo. “Pero igual hay formas de tratar de borrar esa barrera y darles formas de comunicarse”.

Problemas de personal y atrasos con la tecnología

Algunos programas han tenido que retrasar la implementación de sus programas debido a una continua falta de personal. A fecha del 28 de noviembre, el sistema correccional de Colorado tenía 670 puestos vacantes para guardias correccionales, con 1,706 vacantes en total en todo el departamento, según Skinner.

“El resultado es que los maestros, el personal educativo y los gerentes de caso tienen que cubrir turnos de seguridad”, dijo Martinez, quien recientemente fue elegido para la Cámara de Representantes de Colorado, representando a ocho condados rurales en el sur del estado.

El sistema correccional de Colorado actualmente está ofreciendo bonos de $7,000 en un puñado de centros para tratar de reclutar a guardias correccionales y colocarlos en las prisiones más afectadas. También ha eliminado el requisito de vacunación contra COVID-19.

Martinez, en colaboración con CDOC, está trabajando para implementar un nuevo programa mediante el cual se contraten a personas encarceladas que tengan una maestría para que sean instructores en las prisiones. Dijo que les pagarían lo mismo que a un instructor que trabaje en un campus. Para empezar, solo contratarían a uno o dos, dijo.

“Según sabemos, somos la única institución dispuesta a hacer eso”, dijo. “Así es lo comprometido que [CDOC] está a que la educación llegue aquí”.

Otro obstáculo para el lanzamiento de programas en las prisiones es el acceso a la tecnología.

Melissa Smith, subdirectora de prisiones para CDOC, dijo que están en proceso de construir laboratorios de computación en cada prisión que el estado maneja. Pero están esperando pedidos atrasados de equipo de tecnología.

“Hemos estado esperando hotspots para Wi-Fi por 22 meses”, Smith dijo. “Tenemos suficientes Chromebooks para apoyar a todos los estudiantes. No tenemos la capacidad de Wi-Fi ni la infraestructura para respaldar todos los Chromebooks.”

Richardson, con Trinidad State, espera que los estudiantes tengan más acceso a tecnología en el futuro, no solo en los laboratorios de computación.

“Si tuvieran Wi-Fi en sus unidades de vivienda y permiso para llevar sus Chromebooks a sus unidades de vivienda, podrían hacer sus clases cuando pueden”, dijo. “Algunos de ellos están lidiando con trabajos y familia y escuela. No podemos pensar que solo porque están encerrados tienen todo el tiempo [disponible]”.

Davis cree que las oportunidades de educación media para las personas encarceladas pueden “realmente cambiar a una persona y empoderar a una persona para que realice cambios después de salir”. Fotografía de Parker Seibold / enviado especial de The Colorado Trust

Traducido por Alejandra X. Castañeda

Moe K. Clark

Periodista independiente
Denver, Colo.

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